Soy Cristiano

Los acontecimientos recientes en Madrid, a pesar de no poder haber ido físicamente, me han hecho pensar.

Los cristianos somos un grupo que no deja indiferente a nadie. O somos odiados, o somos amados.
No suele haber medias tintas. Las críticas que nos lanzan suelen ser de varios tipos. O se nos acusan de rebaño sin cerebro que seguimos a un Dios inexistente; o se nos acusan de hipócritas; o se nos mofan de nuestra espiritualidad.

Las críticas se suelen lanzar de una supuesta racionalidad anclada en una concepción arcaica ilustrada. No somos muy diferentes de aquellas tribus a las que adoraban a un tótem para que lloviera.

Precisamente la religión judía lucho encarnizadamente contra la superstición y los tótems. Idolatría al fin y al cabo. Mas no nos centremos en este punto.

Decía que no dejamos indiferentes. Eso es porque somos muy fuertes. Pero esa fuerza no proviene de algo físico. No vamos empalando a apostatas por las calles, y mantenemos así intacta nuestra fe; aunque algunos ciertamente les gustaría. Nuestra fuerza solo es capaz de soportar los envites de supersticiones, racionalismos e ideologías diferentes si es una fuerza espiritual.

¿Qué fuerza es capaz de mantener acaso una doctrina que, a simple vista, no parece muy diferente de otras que han aparecido a lo largo de la historia, y que ha sobrevivido a todas?

A pesar de toda esa fuerza, somos muy débiles. Somos humanos, y cometemos errores. Nosotros decimos que pecamos. Otros dicen que somos unos hipócritas meapilas, o cosas peores. Esos errores pasan factura, y resquebrajan la fe mientras el llamado “Silencio de
Dios”
se hace patente en nuestra maduración personal. No solo soportamos ataques externos, si no también internos.

Durante mucho tiempo he creído que agachando la cabeza podría convivir rodeado de creencias que no eran las mías. Quería creer que esa
actitud permitiría un sano dialogo entre, por ejemplo, ateos y creyentes.

Y estaba equivocado. El dialogo imprescindible entre seres humanos no puede nacer de una vergüenza de nuestra Fe. Ellos no lo verán así, y aunque por delante puedan incluso hasta aceptarnos, por detrás nos apuñalarán hasta que nos desangremos y desaparezcamos. Por eso la fe no puede restringirse solo al área privada: Es condenarla a la desaparición que tantos desean muchos.

El dialogo ha de aparecer con el respeto mutuo; cuando ambas partes se reconocen mutuamente. Cristo solo tiene nuestras bocas y
nuestras manos
. No podemos esperar siempre un acto sobrenatural que nos acuse de fideístas. Hemos de gritar: “Aquí estamos. Somos los seguidores de Cristo.

Si os molesta, os fastidiáis; pero tendréis que
reconocernos. Estamos aquí, y no nos marcharemos. A nosotros también nos
molestan cosas, y nos aguantamos.

El ser humano no le cabe no ser religioso. El mismo hecho de ser ateo es tomar una actitud religiosa.
Relegar al ámbito privado la religión es lanzar al espació público una actitud religiosa: “qué no hay Dios”.

Y como al ser humano no le cabe no ser religioso, eso significa que le pertenece muy a dentro de sí mismo, y a través de él humano, a la sociedad entera. Lo privado se convierte en público dependiendo de la escala a la que lo veamos.

Las personas malas existen, sin duda; pero la inmensa mayoría de la gente queremos tender a hacer las cosas bien, aunque muchas veces nos equivoquemos. Muchos de quienes nos critican es porque nos consideran el mal. A esa gente también ha de llegar nuestro mensaje, nuestro dialogo. No somos gente malvada. Somos como ellos, hechos de la misma materia.

Pero no avergonzados, si no orgullosos: Somos los Hijos de Dios:
“Hola. No somos unos descerebrados. También tenemos científicos, filósofos, poetas, artistas, e intelectuales”.

Seguir a Cristo no puede, ni debe ser una decisión tomada desde la superstición; pero tampoco hace falta tener una gran
inteligencia para poder seguirle.

Podrán burlarse de nosotros, escupirnos, enfadarse, mentir sobre nosotros. Querrán avergonzarnos, y relegarnos. Blasfemarán e insultarán a Dios.

En las Jornadas Mundiales de la Juventud de este año lo he visto claro: Les hierve nuestra existencia. Les cegamos cual foco potente. El ser racional se vuelve irracional al no poder comprender qué significa y qué valor tiene realmente lo que creemos.

Me he cansado de callar. Estoy aquí y soy católico. No por manipulación, pues ¿quién manipula a quién? Si no por convicción, por reflexión
profunda. La pelota está en vuestro tejado.

No somos ni homófobos, ni asesinos, ni machistas, ni retrógrados, ni nada por el estilo. Estemos orgullosos. Somos cristianos, y nuestra doctrina se reduce a una sola palabra: Amor.

 

 

Queja de un creyente desde la ciencia.

Esto es una queja.

Sepan quién lea esto lo injusto que me parece.

El sentimiento religioso es una cualidad humana que no tiene parangón con otra especie animal. Solo los seres humanos creen en una transcendencia. No es de extrañar que algo tan profundo muchas veces sea defendido de las maneras más incorrectas. Al fin y al cabo, estamos hablando de algo que va directo al corazón de la persona, de lo que la fundamenta en su fuero interno, incluso se sea ateo o no. No cabe ser no rreligioso, se ha de elegir una opción, aunque esta sea no creer en nada.

La ciencia de los últimos siglos, y más la de las últimas décadas, ha sido una explosión exitosa de tecnificación y conocimiento apabullante. Es algo que no existía en los registros de la historia. Es algo único. Explicar los mecanismos por cual el Universo funciona, es para muchos, algo bellísimo y hermoso. Se saborea como la más jugosa de las frutas, y moja hasta la más perezosa de las neuronas.

Ahora bien, ¿por qué las personas que tienen creencias tienen que aguantar en la misma divulgación de la ciencia temas que no competen a la ciencia? Si ya es injusto que la religión se meta en tema de exclusividad científica, es el colmo ver como la ciencia se entromete en temas en los que nadie la ha llamado.

Existimos gente que nos apasiona la ciencia y que creemos en una realidad superior. Sin embargo, callamos una y otra vez los envites que se hacen desde dicha divulgación hacia nuestras creencias. Nos hacen daño, pero seguimos leyendo ciencia porque nos apasiona.

No lo voy a negar: Yo veo la belleza de Dios a través de la belleza de la ciencia. Otras personas pueden ver la belleza de la ciencia, y no necesitar de un ser superior para nada más. Es respetable. Pues lo mío también.

La ciencia no puede entender de términos religiosos, ni políticos: Dejaría de ser ciencia. Y la religión no puede entender de términos matemáticos o científicos: Dejaría de ser religión.

La religión, como la ciencia tienen un objetivo común: luchar contra la superstición. En este campo pueden apoyarse, mostrando la una a la otra los límites que se han de marcar.

Ser escéptico no es una bandera, dudar no es un orgullo: Es un método eficaz. Lo que queremos con ello es alcanzar una Verdad de la que no se pueda dudar. Usamos la ciencia para descubrirlo, y los que somos creyentes creemos que nuestra tarea no es en vano porque sabemos que la Verdad existe.

Estoy harto de ver ataques contra la religión desde propuestas de divulgación científica, en la que muchas veces ni se han puesto a informarse que es realmente ese sentimiento que sienten miles de millones de personas en el planeta. Me hace daño y me duele, porque, en lo que confiere a la ciencia, estoy de acuerdo plenamente, pero en lo que confiere a mi espiritualidad se la ataca, y me siento que tratan, de manera indirecta, tanto a mí como al resto que estén en mi situación, como unos cegatos monumentales de fe irracional que repiten como bobos consignas de unos estafadores. Como si no hubiéramos reflexionado sobre todo eso.

Es injusto.

El ateísmo no puede, ni debe ser la única religiosidad válida ni para el científico, ni para cualquier persona que quiera ser medianamente racional. Sencillamente, porque a la ciencia no trata de la existencia de una trascendencia, si no de cómo funcionan las cosas. Creer que el escepticismo es la única vía de certeza, es desvirtuar el objetivo final de la misma ciencia: la búsqueda de la Verdad.

Ojala se nos tratase mejor.

Opinión sobre Democracia Real

La Rosa Blanca fue un movimiento de unos pocos jóvenes de la Alemania nazi que se atrevió a oponerse, mediante panfletos, de forma apolítica y pacífica, a la barbarie nazi. Fue fundado en junio de 1942 y existió hasta febrero de 1943. La verdad es que no acabaron muy bien. Muchos de ellos fueron fusilados. Sin embargo, la semilla que no muere no da fruto, y su legado llega hasta hoy en día.

Cuando descubrí aquellos jóvenes gracias a la película “Sophie Schöll: Los últimos días”, me quedé impresionado. La primera pregunta a la mente fue: “La generación de mi abuela era capaz de autenticas proezas. ¿Por qué mi generación está dormida?

Claramente, los jóvenes alemana de la edad de mi abuela estaba también dormidos, como el resto la población de la época. La Rosa Blanca intentaba despertarlos. Su razón era que si nadie dentro de Alemania se oponía a las barbaridades y las desgracias que el nacional socialismo estaba trayendo al país, ¿qué opinión les valdría a las generaciones futuras? ¿Cómo podrían justificarse? Claramente, para que el triunfe el mal, solo hace falta que la gente buena no haga nada. Por eso el mal es la ausencia de bien.

De todo este planteamiento hace ya cinco años. En aquella época cambie mi modo de pensar a uno completamente nuevo, inspirado en lo que aquellos chicos me infundían. Sabían pensar por si mismos, sabían analizar la realidad correctamente, y dar soluciones objetivas. Eran titanes con pies humanos.

Por esa razón escribí una reflexión por aquel entonces acerca de mi planteamiento del mundo contemporáneo de principios de siglo XXI. Mi opinión rondaba sobre algo que estos últimos días está muy de actualidad. El sistema falla. Y falla mucho.

Generalmente solemos inflar mucho la importancia de los acontecimientos presentes pues es en el presente en dónde existimos. El pasado ya pasó, el futuro está por llegar a ser. El momento actual es una lupa que distorsiona el tamaño, y por el cual puede parecernos que los eventos que vivimos son de gran calado. Solo el tiempo nos dará o no la razón.

Ahora, parece que las espontáneas manifestaciones de descontento por parte de jóvenes de mi generación son históricas. Yo he querido analizarlas seriamente, intentando que mis influencias no llegasen a ser más que meros instrumentos para analizar lo que veo ante mis ojos.

Mi primera tentación fue querer compararlo con la Rosa Blanca. La juventud estaba dormida, y parecía despertarse. Mas no obstante, la Rosa Blanca es un movimiento muy diferente que solo abarcó a unos pocos jóvenes que dieron su vida por su causa. Tampoco el contexto era el mismo. Hitler y la guerra no es comparable con la crisis social que vivimos hoy en día.

Mi conclusión fue ambigua. Por una parte me alegra ver que la gente se despierta. Aunque ¿de qué manera despierta? Lo que yo veo es a una masa descontenta, pero básicamente con las mismas ideas que tenían antes de enfadarse. Saben que el problema es el sistema, pero están obligados a usar al sistema, y muchos ni saben que lo siguen empleando.

Lo peor de todo es que quien haya ideado esto (pues si sale tanto en televisión es porque a alguien con poder le interesa que esto se difunda, ya que los últimos años otras manifestaciones del mismo tamaño han sido muy poco publicitadas) no se da cuenta que ha despertado a un gigante dormido. ¿Es cierto eso? Un gigante, sí, pero ciego, y seguramente imposible de manipular.

La primera organización, y la frase que más se oye es “Democracia Real Ya”. Aquí es dónde se ve el quid de la cuestión, algo que he corroborado escuchando a todos los que apoyan el movimiento.

Nuestro sistema está basado en democracia. Yo no lo llamo así. Desde mi punto de vista es una Oligarquía elegida. Ni siquiera la llamo Aristocracia. No es el gobierno de los mejores, es el de unos pocos. A parte, una democracia a la ateniense a en un país de millones de personas es inviable.

Los manifestantes quieren democracia, pero ya hay democracia. Quieren una real, ¿pero qué es una democracia real?, ¿una a la griega? Ya he indicado que eso es imposible de llevar a la práctica.

Aquí es dónde veo el problema de fondo. El problema es que los convocantes no se han despertado realmente. Siguen dentro del sistema. ¿Pero qué es puñetas es la democracia real? Tenemos tan sobrevalorada esa palabra que casi parece haberse convertido en un Bien Absoluto, al modo de las ideas de Platón. La democracia es buena en sí misma, opinan todos. Pues no.

La democracia es tan buena o mala como pueda ser una herramienta, pues eso es lo que es: un instrumento para organizarnos los humanos en sociedad. Preferimos la democracia porque creemos que es más difícil corromperse dentro de ella que con otros sistemas políticos claramente injustos e inhumanos.

La democracia no puede tener la última palabra de todo, pues hay cosas que aunque las digan la mayoría, no por eso está bien. Por ejemplo, el matar. Los derechos humanos son “anti-democráticos” en el sentido que nos son negociables en el consenso.

El mal anida dentro del corazón humano, no en los vestidos que se ponga. Los jóvenes pedimos un sistema más justo, sin dar auténticas soluciones. Si quitamos lo que hay ahora habrá que poner algo mejor, ¿no?

Al fin y al cabo, la democracia existe desde hace poco, y ha habido monarquías y aristocracias en la que la gente podía seguir haciendo sus vidas con cierta libertad, y tan felices. Cuando se quitaron aquellos sistemas era por poner algo mejor, y se ofrecieron soluciones, unas más acertadas que otras, en la que ha triunfado las democracias.

Por otra parte, solo se habla de los “culpables”. La crisis de todo la tienen los banqueros y los especuladores. Cobran sueldos millonarios y no hacen nada.

Pues no. Eso es demasiado simplista.

La personas tenemos un problema, y es que necesitamos chivos expiatorios a quién echarles la culpa. Ya sea de causa natural o humana.

Ciertamente los banqueros y los especuladores (sea quienes supongamos quienes sean) son piedra importante en este puzzle. Pero también el pueblo somos culpable de nuestra desgracia. Tal vez, hasta nos la tengamos merecida. Cuatro razones doy de ello: Política, Ideológica y Social.

1-Políticamente: porque en vez de votar a gente competente, votamos a los partidos con los que más a gusto estamos.

2-Ideológica: porque si tenemos el problema del bipartidismo, del que tanto se quejan en las movilizaciones, es porque somos esquizofrénicos. La mentalidad Izquierda-Derecha tan obsoleta que arrastramos desde la Revolución Francesa solo pueden hacernos bipartidistas. Ese es el auténtico sistema. ¿Queremos una democracia diferente? Aniquilemos las izquierdas y las derechas. Abandonemos las ideologías por un realismo humanizante. Yo, individualmente, abogo por el personalismo.

3-Social: Pues si no creamos riqueza y dinero, nos empobrecemos. Todos queremos vivir bien, y holgadamente. No hemos apostado por nuestras industrias, hemos creado el binomio proletario-patrón, y no salimos de ahí. Quienes quieren derechos han de cumplir obligatoriamente unos deberes. En España no los hemos cumplido, por lo tanto, no es posible cubrir nuestros derechos. Las empresas se han ido, y el paro ha crecido porque no hay nada para crear riqueza. LA manera de como salieron en Japón de la crisis de la guerra mundial fue trabajando, ¡y muy duro! Una vez creada la riqueza, ya nos podremos poner de acuerdo en como repartirla justamente. Pero sin crearla, ¿con qué derecho vamos a pedir derechos?

4-Moral: Nosotros mismos hemos corrompido esta sociedad. No buscamos la verdad ni el bien en sí, sino en relación a nuestros intereses. Nos creamos “excusas” y eufemismos para poder hacer cosas que son malas en sí mismas y que atentan contra la dignidad de la persona. Esta es la más importante de todas las causas. Pues con la moral relativista de hoy en día, en la que todo vale, un Carpe Diem inflado se crean las otras causas. Personalmente, además, es muy triste ver que vivimos en un mundo en el que acusamos a banqueros, pero no a futbolistas, ni falsos artistas que viven del cuento más que nadie y cobran más que los primeros sin crear nada ni producir nada. ¡Pero incluso si defendemos a gente que se lucra con la vida de los demás! Somos unos hipócritas.

El movimiento me decepcionó por eso. Está vació, no ha llegado al fondo del asunto. Veo que da palos de ciego. Quiere imitar las movilizaciones de la Primavera Árabe y la islandesa, con las cuales tienen gigantescas diferencias, entre ellas, la idea aglutinadora. Los musulmanes al menos luchan por algo concreto. ¿Nosotros?

¿Luchamos acaso por limpiarnos la conciencia?

Pray for Japan.

Es un video con una música preciosa que he encontrado. Lo ha hecho un japonés que se se ve impotente. Solo ve que puede rezar por la tragedia que están viviendo en estos momentos, y desea hacer más, por eso ha creado ese vídeo en homenaje con los mensajes recibidos de todo el mundo hacia el pueblo nipón.

Si me preguntáis, no, no entiendo ni papa de lo que pone, más allá de lo que me traduce el traductor de Google.

Sinceramente, sin olvidarnos de otras tragedias que acontecen en el planeta: He leido muchas opiniones de la gente. Con muchas no estoy de acuerdo, sobretodo con las que no ven lo importante de todo este asunto, llegando incluso a llamar incompetentes por la crisis nuclear, o borregos a una población que no parece manifestarse ante su gobierno (salpicado por la corrupción).

A todos aquellos Malthusianos, misántropos y eugenésicos, está es una lección de cómo el ser humano en situaciones de tragedia, no es un animal, ratas que solo buscan su propia supervivencia y beneficio. El ser humano puede alzarse y convertirse en algo mucho más grande de todo lo que cree que es. Sin quitar los defectos que puedan tener como humanos, hay mucho que aprender por todos nosotros del carácter japonés.

“Entre más grande la prueba, más glorioso es el triunfo”

Demostración de Dios

Estoy estudiando filosofía, y eso no es bueno.

En mi reflexión mientras estudiaba, estuve observando la demostración de San Anselmo, las cinco vías de Santo Tomás, y la reflexión de Descartes.

Todos nos hemos preguntado por Dios alguna vez. Unos lo han descartado y otros admitido. Uno no puede mostrarse indiferente.

La mayor crítica que se suele hacer a los creyentes viene de la demostración empírica. Dios no tiene más razón de ser que cualquier otro ser imaginario. Si Dios existe, quienes tiene que demostrarlo científicamente son quienes afirman su existencia.

Es dificil hacer una contraréplica a eso sin tener una preparación teológica y filosófica. Dios no es como otro ser imagiario. Sus características son tales que se encuadra dentro de lo que se conoce no como un ser posible. Si no como un ser necesario. No atenta contra la Razón, si no que la fundamenta.

Pero es una fundamentación desde la Fe. Y Fe es creer. Cae fuera del ámbito de las ciencias empíricas. Dios está fuera del alcance de la ciencia porque no depende de ella para dar una explicación del funcionamiento del mundo, tan solo de su necesidad, es decir, de lo qué es, en su esencia, esta realidad que vivimos y experimentamos.

Hasta aquí, lo que yo ya sabía. Mi pregunta está en la posibilidad de fundamentar una demostración de Dios. ¿Por qué después de tanto tiempo los creyentes no hemos sido capaces de dar una?

¿Acaso es cierto qué Dios no existe? Eso sería la respuesta facilona. Dios puede existir sin poder ser demostrado. Es más. Nunca puede ser demostrado.

La razón que alego, la que reflexione, es la siguiente: Dios nos creó sencillamente diferente a los animales. Estamos en desequilibrio. Los animales tienen instinto, y se adaptan al ambiente según estos. Lo tienen todo hecho. Los humanos, no. Nuestros instintos son casi ausentes, nacemos débiles, y solo tras muchos años de esfuerzo y cuidados, seremos independientes. Necesitamos de nuestra inteligencia y libertad para dar forma a nuestra existencia con nuestras elecciones en el medio en el que vivimos. Como decía Ortega y Gasset, soy “Yo y mis circunstancias“.

O sea, somos libres. Si creemos en Dios, creemos que él nos hizo libres. Si queremos creer en Él, esta ha de ser una decisión Libre, no obligada.

¿Qué ocurriría con una demostración de Dios? Si se consigue demostrar la existencia o no existencia de Dios, no habría libertad. Si Dios se manifestara de manera clara y concisa; o un físico demostrara la incompatibilidad matemática de su existencia de una manera total; estaríamos obligados a admitir esa Verdad.

Quien no siguiese esa verdad, sería un necio tanto como quien niega el sol, que la tierra es cuasi-esférica, o que necesita respirar para vivir. Ya no sería una elección. Ya no habría Fe, habría Evidencia. No habría Libertad.

Por eso Dios no se puede demostrar. Hacerlo sería condenar la Libertad. Y Dios nos quiere Libres, sobretodo de admitirle o no. Uno ama a quien quiere, y Dios no es cualquier Ser, en él se dan todos las perfecciones, por eso si se demuestra que existe estaríamos obligados a amarle, y eso no es amor, ni elección.

Nos parecemos a Dios en nuestra libertad, entre otras cosas. Por eso no se puede demostrarle.

Tan solo tenemos los indicios que Él mismo nos deja, para que creamos que exista, y elijamos si le queremos o no. En eso consiste la Fe.

El Mal

Hay temas que mejor no tratarlos. Hay cosas que mejor no
razonarlas. Hay situaciones que mejor olvidarlas. Sin embargo, nos tocan. No
podemos ignorarlas. Nos afectan demasiado.

Es el Mal.

El mal puede ser entendido de muchas maneras, y no puede ser
entendida de una manera homogénea. Hay muchas clases de males. Son de esas
cosas que sabemos que son, pero no sabemos explicarlo. En este caso es más
acuciado porque el mal no se deja encerrar en tales entendidos. Sin embargo
tiene en común una cosa. Que duele.

El mal es el absurdo, el daño, lo ilógico. Es nuestro mayor
enemigo.

El mal ha sido la prueba de muchos para negar la existencia
de un Dios personal con infinita bondad. Es una fortaleza imposible de
destruir.

La cuestión no es centrarse en los tipos de males que
existen, o de cómo el Ser Humano está implicado directamente en su existencia,
siendo su mayor expresión en la realidad.

Al mal se le ha entendido de muchas maneras. Desde una
visión dualista, en la que la realidad es una lucha interminable de dos
términos absolutos (el Bien y el Mal); pasando por una visión nihilista e
irracional en la que el mal es el gran vencedor y legislador; hasta una visión
entendida como que el Mal es la ausencia de Bien, y este solo puede ser
entendido como la oscuridad es la ausencia de luz, o el frío la ausencia de
calor. La última posición ha sido interpretada así tanto en el mundo griego,
como en el cristiano, provocando la desaparición de las otras. Es esta la que
parece más acertada.

El mal es algo que por su naturaleza es muy diferente de
todo. Si fuese un antagonista del Bien en una guerra épica, se habrían acabado
mutuamente hace tiempo. Si fuese un absoluto, no existiríamos.

Además, no solo es la ausencia del Bien, si no la ausencia
de la Razón. El
mal es irracional. Es imposible descubrir su esencia por eso mismo.

La razón por la que se escriben estas líneas es por
reflexionar en un punto que parece muy iluminador leído a cierto autor. El mal
existe porque existe el Universo. Es decir. La realidad es un mundo finito, de
cosas contingentes, con límites. No es infinito. Si lo fuera, todas sus
cualidades serían infinitas, y eso se ajusta a una descripción muy conocida.
Sería perfecto, omnipotente, omnipresente y omniconsciente. Sería Dios.

Eso deja de lado a una visión panteísta, es decir, que cada
ser del mundo es una emanación del Universo, siendo este la divinidad. Si esto
fuese así, no habría una realidad tal y como la conocemos.

Entonces se explicó que al ser finitos, a no ser perfectos,
no somos Bien absoluto, si no en referencia a él. Hay cosas más buenas que
otras. Por lo tanto, hay cierto Mal en referencia a nuestra distancia a la
perfección. Y la perfección nos es imposible, pues si no, seríamos Dios. Por lo
tanto el mal existirá siempre ligado a nuestra existencia.

En pocas palabras, el mal existe porque el Universo es un
lugar de seres limitados.

Es muy empalagoso todos estos párrafos escritos. Sin embargo
no eran más que para hacer entender lo que se deduce de todo esto.

¿Por qué Dios permite el mal? ¿por qué creo un mundo
limitado? En realidad no lo permite, es porque tiene que ser así. No puede
existir una Creación perfecta y no limitada. Si esta fuera así, no sería un
Universo, sería un Dios, como explicamos antes. No aceptar eso es como “no aceptar
la imposibilidad de la cuadratura del circulo”. Queda la cuestión imposible de
conocer las razones de porque Dios creó todo. Sin embargo, parece un
razonamiento aplastante incluso para los ateos. Existe el mal porque existimos.
Tiene que ser así o no existiríamos.

No es que Dios sea incapaz en su infinito poder de eliminar
el mal, es que si lo hiciese, no sería un universo lo que existiría, si no Él
mismo, algo con sus propias características. ¿O acaso existen triángulos de
cuatro ángulos?

Solo madurando podremos llegar al punto de superar al mal, y
alcanzar al final lo que no puede ser al principio: la perfección, derrotando
al mal por estar con el Bien Absoluto (para los creyentes, Dios). Tal vez en
esto consista la Parusía Cristiana
(la segunda venida de Cristo, al final de los tiempos). Mientras tanto,
existirá el mal.

¿Es así realmente? Resulta muy tentador aceptar esa
proposición. Es un razonamiento tremendo que puede destruir el bastión del
ateismo (un Dios bueno no puede existir porque permite el mal, o un Dios
perfecto no puede existir porque no puede vencer al mal). Sin embargo, un sano
escepticismo nace, pues no se quiere tomar medidas precipitadas. Pero no se
encuentran fisuras en la búsqueda. ¿Qué opina el lector de todo esto?

Terminando, antes, una aclaración. Esto es al fin y al cabo
una búsqueda filosófica para hacer menos amargo nuestro dolor en el mundo. El
mal existe, y alguien que haya perdido, por ejemplo a un ser querido, no se le
pueden dar estas explicaciones, pues son muy fáciles de conocer, pero no ayudan
para mitigar el dolor que se produce. El mal solo se le vence luchando contra
él. Hay que apoyar a quien lo sufren, no buscar razones de ser para algo que al
fin y al cabo es irracional.

Bastonivo Chibi

Soy yo, lógicamente. Me apetecía rehacer mi "chibi".

El
muñeco que sujeto es Bastonivo, el personaje que me inventé a los 10
años y da origen a mi alias. El pez es un "Ictus", símbolo de que soy
cristiano católico. El logo del pecho es el logo de la Federación de
Planetas Unidos de "Star Trek", porque me encanta la Ficción y la
Ciencia. Mi mano hace el símbolo que suele hacer Vash "La Estampida",
símbolo de que me gusta el manganime.

¿Gusta a alguién?🙂