Crítica Personal al Mundo Contemporáneo (II): Progreso

2.      Progreso

¿Y qué es el progreso? Dependiendo de lo que queramos entender por ello, progresar es avanzar  positivamente en un sistema dado. Y siendo así, hemos progresado mucho los últimos 200 años. Tecnológicamente hablando, claro. Llenarnos de orgullo debería haber hecho proezas como llegar a luna; el volar; el motor de explosión; controlar tres de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza; reducir drásticamente las enfermedades;  y sobre todo mejorar infinitamente la relación entre comida, terreno y gente trabajando en el campo; los servicios en las ciudades, tales como el agua potable, la calefacción o la electricidad, así como los servicios sanitarios, de transportes, etc.

 

Muchas cosas han cambiado desde que la primera persona se dignara a andar por este vasto mundo, tan miniaturizado últimamente. Y no tiene vistas a disminuir. Mañana no tendremos ni idea de lo que vendrá. Entonces nuestros hijos tal vez nos desprecien por ser tan primitivos. Sobre todo si su forma de pensar, y su filosofía, es la misma que la nuestra.

 

Volviendo al tema del progreso, hay que destacar que, aunque hayamos podido viajar hasta la luna, nuestro “progreso” es más bien insignificante, tomando toda la naturaleza humana en su conjunto.

 

El progreso es una buena meta si se quiere seguir un objetivo, pero cuando no hay fin, es una carrera alocada, de inesperadas consecuencias, que a lo único que conlleva es a un ciclo sin fin de repetición de pecados.

 

El progreso por el progreso, no es un progreso, es una aberración. Porque para progresar, somos capaces de los más terribles crímenes, en alas de un futuro resplandeciente, que con seguridad nunca llegara, pues es imposible llegar a un fin noble, sin usar medios nobles.

 

Y es que esta locura “progresista” y “conservadora” es una enfermedad que padecemos desde la Ilustración, y sobretodo, por la Revolución Francesa. Fue en aquel entonces cuando la filosofía giro a una visión materialista o idealista de la vida, perdiendo el “norte”, como se suele decir.

Somos hijos de esa Revolución, y por mucho que creamos lo contrario, hoy en día no hemos “progresado” casi nada desde entonces, salvo escasas excepciones ignoradas o devaluadas.

 

Los mismos mensajes manidos, viejos y obsoletos que pudieran darse entonces, se dan ahora. Y antes que nada, primero indicar que mis conocimientos en Historia son pobres en comparación con un estudioso. Pero leyendo obras de entonces, conociendo la evolución de movimientos políticos, filosóficos, pseudos-científicos y sectarios me hace opinar de la manera más objetiva que puedo, que el “progreso” es una absurda invención que lo único que ha creado es odio y muerte, ya sea en su cara “progresista”, como en su evolución, el tan odiado supuesto “conservadurismo”.

 

Imponernos, por ejemplo, como meta progresista, el Saufragio Universal, hará que alguna vez se consiga. Y entonces, ¿qué camino seguir para seguir siendo progresista? Solo hay dos caminos. O proteger la meta alcanzada, y convertirse en conservador, o buscar otra meta, que perfectamente puede estar en contraposición con la anterior, y seguir siendo progresista.

 Esta locura sin sentido, heredada por nuestros hermanos franceses es tan obsoleta hoy en día como lo era hace cien años. Pero que sin embargo nos parece novedoso, actual y moderno.

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