Crítica Personal al Mundo Contemporáneo (V): Filosofía

5. Filosofía

¿Pero porque?

¿Por que todo esto? Todo esto es un “guirigay”. Nuestro mundo esta “loco”.

En mi humilde, pero irritada posición, me enfada, y con razón, el ser incapaz de encontrar un orden y una verdad a las cosas, porque todos quieren imponer su verdad, y todos con grandes exposiciones. Todos en aras de la justicia y de lo bueno.

Vuelven locos a todos. Pero más locos vuelven los insultos y las manipulaciones que vuelan por doquier para luchar contra los que no piensan igual. Eso sí, por la Libertad y la Igualdad y la Fraternidad.

Y si defiendes tus ideas no alineadas, prepárate, pues la consigna “Igualdad” nos impone ser como un rebaño de ovejas (y no se refiere al sentido evangélico de la palabra). Hoy en día ser diferente, es considerado ser alguien que lucha contra la libertad. Aunque sí, “hay que defender la libertad, sobretodo si es la idea mayoritaria la que está entre dicho”. Da igual que sea en realidad una cosa injusta.

 

Bien es cierto añadir que ser diferente no es ser bueno. Ir contra corriente es algo impuesto. Al fin y al cabo, ir contra la corriente, es ir en lo contrario al resto, y por lo tanto, será la misma dirección, aunque con sentido opuesto. Mismo resultado entonces que seguir a todos.

Para ser libres de todo esto, hay que pensar por uno mismo, razonando y contrastando los datos disponibles, y eso significa unas veces ir contra corriente, otras a favor, y otras salirse por la tangente.

 

Bien visto, y desde una perspectiva que intenta ser reflexionada, toda la sociedad es una misma corriente filosófica, ya sea un capitalista liberal o un anti-sistema revolucionario. Diferentes sentidos, pero misma dirección. Las Izquierdas y las Derechas son más parecidas de lo que parecen.

 

Hoy se sigue la consigna descartesiana “Pienso, luego existo”. Primero se piensa, después se existe; o se existe por que se piensa. La existencia solo puede ser probada porque se existe, y nada de ella puede ser probada salvo la propia existencia, dada por el pensamiento. Entonces viene lo de “La vida es sueño, y los sueños, sueños son”, como dijo magistralmente Calderón de la Barca.

 

En mi opinión, el anterior párrafo es la raíz del cáncer que consume nuestras sociedades. Parece que no, pero la filosofía es más importante de lo que parece. Los filósofos pueden parecernos locos. Pero de sus visiones del mundo, puede depender la nuestra. No hace falta ser culto para darse cuenta de que tarde o temprano la inmensa realidad nos hará preguntarnos cosas acerca de nosotros mismos, nuestro papel en el mundo, y en nuestra eventualidad marcada por la muerte. Nuestras ideas al respecto marcaran, y de una manera mayor de lo que parece, nuestras acciones futuras.

 

Así pues, no es igual pensar que la vida es sueño, a que la vida es una realidad absoluta. El primero tenderá a ser relativista, no teniendo que tener en cuenta a nada ni a nadie; y el segundo será realista, con un absoluto en lo que basarse antes de actuar.

 

Ser relativista es pues lo que nos pasa. Pensar que nuestra realidad no existe, o que no existe un absoluto, hace que nuestra nueva bandera (o nuevo absoluto elegido por nosotros mismos) no tenga que basarse en nada real, pues esto que sentimos no existe.

 

Y de aquí nacen las ideologías, contempladas en este contexto como un conjunto de ideas de la realidad que no tienen porque ser necesariamente verdaderas. Y ante el abanico de ideologías nacidas desde que la Ilustración anduvo por este mundo, me atrevo a decir que han sido la enfermedad de nuestras vidas desde que nacimos.

 

Y como dije antes, recordando otra famosa cita: “La Verdad os hará Libres”, si no consideramos la realidad como verdad, no la consideramos como libertad, en su sentido original del significado. Por lo tanto, ni somos libres, ni dejamos ser libres. La ideología es entonces una esclavitud y una dictadura, aunque se viva en “democracia”.

 

Para que haya libertad, solo puede haber una realidad. La vida no es sueño, si no verdad, absoluto, realidad. Aunque la objetividad sea algo aparentemente inalcanzable, la verdad siempre estará ahí. Alegando de nuevo a De la Barca, me atrevo a decir: “La vida es Verdad, y las verdades, verdades son.”

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