Reflexión sobre la ecología

 
 

De un tiempo para acá me he ido preguntando el porqué de la ecología tal y cómo la entendemos hoy en día. Es decir, el cuidado del Medio Ambiente, de la Naturaleza, u otro sustantivo similar.

 

Veo a mí alrededor a mucha gente, y toda ella concienciada con la ecología. Una lástima que según las noticias, eso no se note y parezcamos todos como seres que nunca hemos pensado en la “Madre Naturaleza”. En fin, que pensando en esta contradicción, empecé a querer razonar por mi mismo. Algo que por otra parte está muy mal visto hoy en día. Pero nadie se iba a enterar de eso.

 

¿Qué es la naturaleza, la “Madre Naturaleza”, ‘Gaia’, el Medio Ambiente, el ecosistema, la biosfera?, ¿por qué hablamos de ella cómo si tuviese un nombre propio?, ¿acaso es un ser individual, e incluso inteligente?, ¿acaso es un dios?.

 

Obviamente no es así. A eso que llamamos naturaleza no es más que un conjunto de seres independiente relacionados entre sí de una u otra manera por azares de la vida. Aquello que llamamos vida, además, solo y solo existe en un objeto astronómico conocido. Eso puede además hacernos creer que la “Madre Naturaleza” y el planeta Tierra son un mismo ser, cuando esto no es así.

 

Por otra parte, al no ser esta un ser, si no un conjunto de seres, de individuos, esta carece totalmente de cualquier sentimiento antropológico que queramos otorgarla solo por compasión.

 

La naturaleza no la duele ni los incendios, ni los vertidos de crudo al mar, ni las extinciones (masivas o especiales). No la enfada que gastemos sus recursos, que despilfarremos a costa de ella, o que usemos a animales en investigación científica.

A la naturaleza tampoco la agrada la ayuda ecologista, ni la concienciación humana al respecto, ni la reducción de emisiones, ni las millonadas en mantener grandes Parques Nacionales.

 

A la Naturaleza la importa poco que a una pobre cría de cualquier especie se quede sin madre, y esta quede expuesta a ser cruelmente devorada con total seguridad. Tampoco la importa que un incendio acabe con una colonia milenaria de sauces, o con una colonia de hormigas. Que a una leona una herida en la pierna la acabe en una muerte lenta y dolorosa la trae sin cuidado a ‘Gaia’.

 

De hecho decir “no la importa” también es completamente incorrecto. No la importa ni la deja de importar. Es que ‘importar algo’ es meramente humano.

Así como una empresa, o la sociedad en general no tiene sentimientos ni inteligencia como ente en particular, si no por la unión de sus individuos, la naturaleza también carece de ellos, pues esto es algo meramente de interpretación humana.

 

La Naturaleza no es un ser. Es un conjunto de seres. Este mismo concepto se le puede aplicar a todo el Universo en general.

Al fin y al cabo, debemos considerar la Naturaleza del planeta como una parte particular del Universo en general. Y al Cosmos poco parece ‘importarle’ nada.

 

Llegará un día en que esta preciosa pelotita, a este hermoso oasis, se convierta en un espantoso erial sin vida. Nada quedará, y nada delatará que una vez existió. Y no seremos los humanos los que hagamos tamaña masacre. Será la propia Naturaleza, el mismo Universo quien se encargue de ello.

 

Y le importará bien poco destruir algo que la ha costado casi cinco mil millones de años en crearse. Lo hará y punto. Por que así son las cosas. Para que hubiera vida se necesitaba energía en abundancia. Y eso lo proporciona nuestra estrella. Y como la energía no es eterna, el sol sucumbirá a su propio agotamiento, llevándose la vida en la Tierra por delante. Su propia existencia es necesaria para la vida. Su propia existencia marcará su dramático final.

 

Si la Naturaleza fuera un ente independiente, como estamos acostumbrados a ver, sería de suponer que actuara para no perecer. Pero no es así.

 

A este conjunto de seres independientes también pertenece la Humanidad. Es decir, que pertenecemos a la Naturaleza. Por lo tanto, no somos ni virus, ni destructores de la naturaleza. No somos entes extraños a ella que hemos aparecido para destruirla. Somos parte de ese conjunto. Así que lo que hagamos en ella, repercutirá en nosotros, como siempre ha ocurrido. Aunque en nuestro caso de una manera más especial debido a nuestra innegable singularidad.

 

Así pues, no se debe dañar, malgastar, o destruir nuestro entorno y a nuestro planeta. Pero no por su preservación, que es una quimera imposible. Tampoco por los pobres animales, que pasan del tema de los derechos sobre otras especies. Y mucho menos por ‘Gaia’, que ni siente ni padece.

 

No se debe hacer nada de eso precisamente por nosotros. Los seres humanos. Nuestra singular posición nos ha convertido en los únicos seres capaz de gestionar esta enorme, y a la vez, diminuta finca. Lo que hagamos en ella, nos repercutirá más tarde. Y el derroche se paga.

 

Gestionarla creando un sistema de valores y prioridades, en la que las necesidades humanas básicas estén satisfechas y protegidas. Y sobre todo gestionarla usando la razón y las herramientas que esta nos deja a disposición. ¿Cómo poder cuidar la naturaleza, si antes no somos capaces de cuidarnos a nosotros mismos?

 

La actual percepción de la ecología no es esta. Es irracional, y se deja llevar por falsos sentimientos de empatía. Otorga cualidades a la naturaleza que esta no tiene. Tiene falsos dogmas irrefutables de dudoso valor, y antepone algo material antes que las personas. Para ella el fin justifica los medios, y se ha convertido por ello en un negocio lucrativo en la que no pocas personas y organizaciones se enriquecen de manera que de otra forma sería considerada de absurda.

 

A la actual ecología no la importa la Verdad. Solo lo que la interesa. Solo lo que defiende. No admite sus errores. ¿Qué la ciencia la contradice? La ciencia miente. Esta pagada, corrompida, o cosas peores. La ecología es la única ciencia verdadera, y todos han de adorarla.

 

En una casa, los padres nunca despreciarán los derechos de sus hijos respecto al cuidado de su hogar. Y esto no significa que si alguien daña el lugar, este no sea castigado o regañado. Usando este símil, hoy no ocurre eso.

 

Cuidar la naturaleza por nosotros. A esta poco la importará que nos extingamos nosotros, o que se extinga la siguiente especie de osos. La importará mucho menos la desaparición de todo el planeta. Sin una base firme, es un absurdo total. Llegará un día en que todo perecerá. Incluido los átomos (siempre y cuando la actual teoría de partículas vaya en el camino correcto). ¿Para que entonces molestarnos por los derechos de un ente imaginario?

 

Por su puesto que hay algo más. Pero desde la única perspectiva de la razón, nos quedamos cojos, y no podemos otorgar a la bella naturaleza más de lo que es. La otra pata que nos falta para no andar cojos nos dice que la vida es un derecho humano inalienable, innegociable… y por supuesto no mutable a los gustos de la mayoría (o sea, no es democrático).

 

Por ello, hay que gestionar la naturaleza desde la perspectiva de una ecología humana.

 

José María de la Torre Bugidos.

01-11-2008

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