El Mal

Hay temas que mejor no tratarlos. Hay cosas que mejor no
razonarlas. Hay situaciones que mejor olvidarlas. Sin embargo, nos tocan. No
podemos ignorarlas. Nos afectan demasiado.

Es el Mal.

El mal puede ser entendido de muchas maneras, y no puede ser
entendida de una manera homogénea. Hay muchas clases de males. Son de esas
cosas que sabemos que son, pero no sabemos explicarlo. En este caso es más
acuciado porque el mal no se deja encerrar en tales entendidos. Sin embargo
tiene en común una cosa. Que duele.

El mal es el absurdo, el daño, lo ilógico. Es nuestro mayor
enemigo.

El mal ha sido la prueba de muchos para negar la existencia
de un Dios personal con infinita bondad. Es una fortaleza imposible de
destruir.

La cuestión no es centrarse en los tipos de males que
existen, o de cómo el Ser Humano está implicado directamente en su existencia,
siendo su mayor expresión en la realidad.

Al mal se le ha entendido de muchas maneras. Desde una
visión dualista, en la que la realidad es una lucha interminable de dos
términos absolutos (el Bien y el Mal); pasando por una visión nihilista e
irracional en la que el mal es el gran vencedor y legislador; hasta una visión
entendida como que el Mal es la ausencia de Bien, y este solo puede ser
entendido como la oscuridad es la ausencia de luz, o el frío la ausencia de
calor. La última posición ha sido interpretada así tanto en el mundo griego,
como en el cristiano, provocando la desaparición de las otras. Es esta la que
parece más acertada.

El mal es algo que por su naturaleza es muy diferente de
todo. Si fuese un antagonista del Bien en una guerra épica, se habrían acabado
mutuamente hace tiempo. Si fuese un absoluto, no existiríamos.

Además, no solo es la ausencia del Bien, si no la ausencia
de la Razón. El
mal es irracional. Es imposible descubrir su esencia por eso mismo.

La razón por la que se escriben estas líneas es por
reflexionar en un punto que parece muy iluminador leído a cierto autor. El mal
existe porque existe el Universo. Es decir. La realidad es un mundo finito, de
cosas contingentes, con límites. No es infinito. Si lo fuera, todas sus
cualidades serían infinitas, y eso se ajusta a una descripción muy conocida.
Sería perfecto, omnipotente, omnipresente y omniconsciente. Sería Dios.

Eso deja de lado a una visión panteísta, es decir, que cada
ser del mundo es una emanación del Universo, siendo este la divinidad. Si esto
fuese así, no habría una realidad tal y como la conocemos.

Entonces se explicó que al ser finitos, a no ser perfectos,
no somos Bien absoluto, si no en referencia a él. Hay cosas más buenas que
otras. Por lo tanto, hay cierto Mal en referencia a nuestra distancia a la
perfección. Y la perfección nos es imposible, pues si no, seríamos Dios. Por lo
tanto el mal existirá siempre ligado a nuestra existencia.

En pocas palabras, el mal existe porque el Universo es un
lugar de seres limitados.

Es muy empalagoso todos estos párrafos escritos. Sin embargo
no eran más que para hacer entender lo que se deduce de todo esto.

¿Por qué Dios permite el mal? ¿por qué creo un mundo
limitado? En realidad no lo permite, es porque tiene que ser así. No puede
existir una Creación perfecta y no limitada. Si esta fuera así, no sería un
Universo, sería un Dios, como explicamos antes. No aceptar eso es como “no aceptar
la imposibilidad de la cuadratura del circulo”. Queda la cuestión imposible de
conocer las razones de porque Dios creó todo. Sin embargo, parece un
razonamiento aplastante incluso para los ateos. Existe el mal porque existimos.
Tiene que ser así o no existiríamos.

No es que Dios sea incapaz en su infinito poder de eliminar
el mal, es que si lo hiciese, no sería un universo lo que existiría, si no Él
mismo, algo con sus propias características. ¿O acaso existen triángulos de
cuatro ángulos?

Solo madurando podremos llegar al punto de superar al mal, y
alcanzar al final lo que no puede ser al principio: la perfección, derrotando
al mal por estar con el Bien Absoluto (para los creyentes, Dios). Tal vez en
esto consista la Parusía Cristiana
(la segunda venida de Cristo, al final de los tiempos). Mientras tanto,
existirá el mal.

¿Es así realmente? Resulta muy tentador aceptar esa
proposición. Es un razonamiento tremendo que puede destruir el bastión del
ateismo (un Dios bueno no puede existir porque permite el mal, o un Dios
perfecto no puede existir porque no puede vencer al mal). Sin embargo, un sano
escepticismo nace, pues no se quiere tomar medidas precipitadas. Pero no se
encuentran fisuras en la búsqueda. ¿Qué opina el lector de todo esto?

Terminando, antes, una aclaración. Esto es al fin y al cabo
una búsqueda filosófica para hacer menos amargo nuestro dolor en el mundo. El
mal existe, y alguien que haya perdido, por ejemplo a un ser querido, no se le
pueden dar estas explicaciones, pues son muy fáciles de conocer, pero no ayudan
para mitigar el dolor que se produce. El mal solo se le vence luchando contra
él. Hay que apoyar a quien lo sufren, no buscar razones de ser para algo que al
fin y al cabo es irracional.

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